"La identidad"

Hay algo profundamente paralizante en la forma en que nos definimos. Nos pasamos años construyendo una narrativa sobre quiénes somos.

Yo considero que cuando encarnamos una identidad, obviamente esta viene asociada a patrones y  estructuras de nuestra personalidad. El problema no es tener una identidad; el problema es cuando esa etiqueta se vuelve tan rígida que nos da pánico salirnos del libreto. No miento, a veces me incluyo ahí porque persona más procrastinadora y cobarde que yo no hay. y ODIO los cambios. La resistencia que le tengo a los cambios es GIGANTE. 

Nos da terror intentar algo totalmente nuevo porque no encaja con "lo que alguien como yo haría". O peor aún, nos da pánico sentir algo real y distinto por alguien. Porque si abres esa puerta, si dejas que una persona te mueva el piso, ¿dónde queda todo el discurso que te construiste durante años? Si te vulneras, si cambias de parecer, da la impresión de que la versión anterior de ti muere un poco. Y el ego odia perder el control.

Considero que ninguna etiqueta, ningún hábito, ni ninguna coraza que nos hayamos inventado vale tanto como la experiencia viva de conectar con otra persona. Cuando ponemos nuestra "identidad" por encima de lo que sentimos por alguien, no estamos siendo fieles a nosotros mismos: solo le estamos rindiendo culto a nuestro propio miedo. Preferimos enfriar o contener un afecto antes de que crezca; o poner una barrera distante, todo con tal de mantener intacta nuestra estampa. Es un autosabotaje disfrazado de coherencia.

La verdadera ironía de aferrarnos a nuestras estructuras es que ninguna de ellas nos sostiene cuando la vida se pone pesada. Las certezas nos dan orden, pero solo los vínculos humanos nos dan sentido. Podemos construir la vida más organizada, predecible y segura del mundo, pero si no hay con quién compartirla, si no dejamos que nadie atraviese la puerta, nos quedamos administrando una soledad muy pulcra. Nos da miedo el cambio porque el vínculo siempre implica un riesgo (el riesgo de despeinarse, de ceder, de doler o de reorganizarse), pero es precisamente ese riesgo el que nos mantiene vivos.

No somos islas autosuficientes por más que a nuestro ego le guste creerlo; somos seres construidos para el encuentro. y cuando nos atrevemos a priorizar un vínculo por encima de nuestros rigidos esquemas, no estamos perdiendo terreno: estamos eligiendo habitar la vida en lugar de solo contemplarla desde la barrera.

Tener la Luna en Piscis es habitar un mundo donde las fronteras emocionales simplemente no existen (qué desgracia, sí), a veces somos unos idealistas que le dan más sentido al "potencial" dejando de lado los hechos. El afecto por encima de la estructura...

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