"La intensa"
Durante meses sostuve un vínculo donde hablar de lo que sentía parecía convertirse en una falta. No porque gritara, no porque acusara, sino porque sentir ya era demasiado. Aprendí a medir palabras, a esperar el momento correcto, a suavizar lo que me dolía para no incomodar. Y aun así, cada vez que abría la boca, algo se rompía. Hay un cansancio que no se ve. No es físico. Es ese desgaste que aparece cuando te das cuenta de que tu presencia parece pesar más que sumar. Cuando notas que preguntar cómo está la otra persona se interpreta como invasión, y expresar una necesidad se traduce como queja. Yo no estaba discutiendo sin sentido. Estaba diciendo cómo me sentía. Para mí eso tenía sentido. Pero entendí que, en ese espacio, mi vivencia no tenía lugar . Con el tiempo, el diálogo se volvió una pared. Respuestas cortas. Silencios largos. Frases definitivas como: “no quiero” , “no tengo que explicar” , “es el mismo ciclo” . Palabras que no invitan a comprender, sino a retirarse. Y así empe...