La historia de mi apego
Tengo apego ansioso, e identifiqué plenamente por qué. Fui desregulada, e identifiqué plenamente por qué. Quédate a verlo conmigo.
Mi abuela era una persona por naturaleza muy disfuncional. Si yo tengo traumas, mi mamá tiene el triple. Mi mamá tenía que trabajar, y yo me quedaba con mi abuela y con mi hermana.
A los 3 años de edad (yo), vi a mi abuela cortarse las venas de los brazos enfrente de mí porque su mamá (mi bisabuela), había muerto. Luego de eso, se sentó en la ventana del balcón (de un piso 11), con los pies hacia afuera y vino la policía. Yo hice una mochilita y le preguntaba a mi hermana si la policía nos iba a llevar a la cárcel.
Luego de eso ya no recuerdo nada, hasta los 6-7 años.
Mi mamá, como dije, trabajaba, y estaba 0 disponible emocionalmente por así decirlo, ella proveía todo lo material y pagaba todo, pero yo no tenía una figura de contención emocional que me enseñara de límites, amor propio, respeto, esas cosas.
Mi hermana me tenía mucha rabia y envidia (ella era mayor que yo), porque yo era la preferida de mi mamá (para qué negarlo, es así), y ella "pelaba" la pintura de las sillas del comedor con sus uñas. Como yo era la más pequeña, mi abuela, por lógica, me asociaba a esa "travesura" y me mataba a golpes. Mi mamá no estaba. Mi hermana hacía lo mismo con la cortina de la regadera del baño, la rasgaba. Otro coñazo más. Otro jalón de cabello.
Eso sucedió demasiado. Y nunca era yo
Eso me hizo: hipervigilante, controladora, perfeccionista. Yo tenía que ser hipervigilante de que no se acercara a pegarme. Un solo tono de voz extraño y era la identificación inmediata de que se venía el peligro. Tenía que ser perfeccionista de no hacer las cosas mal porque temía que me pegaran. Tenía que controlar, era mi mecanismo de supervivencia. En la actualidad eso se asocia a: un emoji no enviado significa peligro porque está cambiando el tono. Una foto que no se manda significa terreno quebradizo, algo está mal, algo va a pasar. Un mal tono de voz significa la inseguridad a mil, porque implica que viene el daño para mi sistema nervioso de acuerdo a la experiencia que mi sistema nervioso asocia de cómo tuve que aprender a forjarme en mi infancia para sobrevivir.
Mi abuela, como dije, era sumamente tóxica. Si mi mamá salía con alguna pareja, ella le hacía la vida imposible. Una vez pasó un cerrojo y puso tablas a la puerta y no dejaba entrar a mi mamá. Yo solo lloraba con un alto nivel de angustia. No sabía nada de mi mamá. No podía entrar a la casa, y mi abuela desconectó el teléfono CANTV y se lo llevó a su cuarto.
De ahí viene mi terror al silencio. Le tengo pánico al silencio, porque mi sistema nervioso recuerda al silencio como ese momento en donde mi mamá era alejada de mí, y privada de acercarse. El silencio representa ese momento de tensión. El silencio representa una catástrofe.
Así que mi sistema nervioso aprendió algo para sobrevivir y salir de ahí: fijarme en la persona que me gustara. Era mi manera de evadir esa realidad. Primero empezó con el niño del salón llamado Julio, él me gustaba, toda mi vida la dedicaba a Julio, le regalaba juegos de play, le dibujaba muñequitos y los recortaba para regalárselos. Toda mi infancia estuve enamorada de Julio, y si ocurría algún problema en casa, yo solo dibujaba para regalarle mis dibujos y darle juegos.
Pasan los años, y viene otro golpe: mi hermana cae en drogas. Se drogaba delante de mí. Se metía cocaína. Tomaba pastillas. En la casa se enteran, la revientan a golpes, y le quitan la cama para que duerma en el piso.
Ahora tenía: una abuela violenta, una hermana drogadicta, una mamá responsable y ausente emocionalmente de todo esto por haber estado trabajando
Mi hermana me pagaba si yo le daba muestras de orina que fueran mías para que no la descubrieran. Ahí, casualmente, conozco a mi primer amor, Tiffany, quien era de otro país. Tiffany vino a Venezuela a conocerme a los 15 años de edad. Yo estaba obsesionada con Tiffany porque era un mecanismo que tenía mi mente para evadir la tragedia que estaba viviendo en mi casa. Fue lo que aprendió mi sistema nervioso y lo que pude identificar en terapia.
Si Tiffany no estaba presente para mí significaba terror. Significaba que me estaba quedando sola, y mi sistema nervioso se descontrolaba por completo. Se acababa el ruido blanco de mi tristeza.
Y la primera vez que Tiffany dejó de hablarme, yo lo viví como una amenaza de muerte tal cual. Mi sistema nervioso colapsaba. Mi mundo de "seguridad" colapsaba. No había aprendido a habitarme a mí, porque habitarme en mí, y estar en silencio, era ingresar al infierno emocional de mis paredes.
A todas estas mi papá no estaba por todo eso. Él nunca se ocupó de mí. De hecho vive en Caracas y no lo veo desde hace como 17 años o algo así.
----
2016
Todo empezó en 2015 cuando mi mamá se hace un bypass gástrico (spoiler: solo tenía 20 kg de sobrepeso), la cuestión es que como mi mamá trabaja en el sector salud, tenía muchos amigos médicos. Su amigo médico, el cirujano bariátrico, cuadró con ella la operación del bypass, y se saltó el protocolo más importante:
La evaluación psiquiátrica
Resulta que, cuando te haces un bypass gástrico, puedes desarrollar trastornos mentales porque toda tu flora intestinal se modifica, y si vienes con un historial de traumas, más aún.
Esa maldita operación fue la condena de esta casa.
Mi mamá después del bypass comienza a tener actitudes extremadamente inusuales, demasiada agresividad, demasiado 'acelerada', pero a un nivel psicótico. Me despertaba a las 4 am para que hiciera con ella "inventario de las medicinas que nos quedaban" (porque era 2016), una vaina insólita.
Era DEMASIADO RARO todo lo que pasaba, ella tenía lagunas mentales también. Fue así durante todo el 2016. Unos períodos de agresividad inusuales, peleas horribles con mi abuela en la casa, y yo todo lo absorbía (ese año fue cuando conocí a Yolanda mi profesora, y ya por lo que sabes de mí, tenía que obsesionarme con alguien para evadir la realidad de mi casa), y así estaba siendo, me estaba obsesionando con ella, me daba curiosidad, pensaba qué detalle darle, porque YO NECESITABA un "yo auxiliar".
Una vez mi mamá estaba manejando tan rápido, que comenzó a gritar de la nada, y se pasó la entrada del edificio. Yo moría de terror. Yo no sabía manejar. Así fue todo 2016. Me llamaba y me hacía irme de la universidad porque necesitaba ayuda con no sé de qué de facturación de la empresa, y yo no ponía límites. No era la Andrea que soy ahora (gracias, terapia).
En 2017 le digo que tiene que ir a un psiquiatra, que esto no es normal. Ella le pide a mi abuela que la acompañe también, y mi abuela no quiso.
Cuando regresamos del psiquiatra, quien le diagnostica con Trastorno Bipolar post bypass, encontramos a mi abuela en el piso porque se cayó (karma?)
Pero obviamente unas medicinas psiquiátricas no iban a hacer efecto de manera inmediata. Los antipsicóticos y estabilizadores del estado de ánimo que ella necesitaba iban a demorar sus 4-5 semanas en hacer efecto. Cuando yo veo a mi abuela en el piso, le pido ayuda a mi mamá para levantarla, y me dice que no, que por ella, que se quede ahí en el piso.
La levanto, la pongo en la cama, pero algo inusual ocurre, y es que chillaba de dolor si se levantaba. Resulta que se había fracturado la columna (la concha de la lora). Ella era la única en la casa que no tenía seguro por su edad. Pasaban los días y el dolor no cedía, y mi mamá no se acercaba. Mi mamá estaba en un estado de odio profundo.
Como pudimos, la pusimos en una silla de ruedas una prima y yo, y la llevamos al Hospital Domingo Luciani donde no había ni una gasa. Mi único consuelo en todo eso era Yolanda enviándome un SMS para saber si todo iba bien (apenas íbamos conociéndonos más), y luego escribiéndome de su WhatsApp personal.
Mi mamá solo le gritaba a mi abuela en la emergencia porque estaba en modo "odio", y le decía que por su culpa, que eso le pasó por haberse metido con ella y no haberla acompañado al psiquiatra cuando la necesitaba. Le gritaba horrible. Yo absorbiendo todo. Había que comprar pañales, centros de cama, comida, todo. La habitación del hospital no tenía luz, y tenía un tubo de agua roto en el baño. Era una desgracia. Así pasaron los días. Mi mamá bajo estado de estrés extremo no iba a ver a mi abuela, y la dejábamos sola a veces en el hospital sin que nadie fuera. Pagábamos a alguien que le diera comida.
Y ella irracional totalmente. Las medicinas que le mandaron no le servían porque la drogaban. Probaban con otras y así. Así funciona la psiquiatría
La dan de alta diciendo que esa señora está fracturada y no pueden hacer nada, que hay que comprar la anestesia y todos los instrumentales quirúrgicos más una prótesis interna. Imposible en ese 2017 en ese momento. Se va así a la casa y queda en cama. Para todo me llamaba a mí.
ANDREA, ANDREA, ANDREA, así a cada rato, bien sea para el pato, para el centro de cama, para comer, para tomar agua, para inyectarla, para todo. Yo me estaba volviendo loca, y mi mamá seguía irracional y violenta.
Entonces le digo a mi mamá que me tiene harta esta situación y que no puedo más, y comienza a meterse conmigo, a insultarme, ella estaba en su estado de odio profundo en pleno pico del trastorno en una fase hipomaníaca. Tan así fue, que de loca me mordió la pierna y me la dejó morada. Me rompió la nariz. Se salió totalmente de sí.
Yo me paré en su cama que da hacia una ventana panorámica y me iba a lanzar al vacío.
Me detengo de lanzarme al vacío porque una parte de mí quería vivir la ilusión de experimentar algo con Yolanda (apego ansioso salvándome de la muerte). Literal fue así. Mi herida infantil estaba salvándome de cometer una locura. Mi sistema nervioso solo hallaba el alivio en la coregulación.
Mi psicóloga me explicó que era un mecanismo de defensa que tuvo mi sistema nervioso de intentar "conectar" con una figura de autoridad que me diera contención, amor, y confianza. Algo que faltaba en mi casa desde mi infancia. Le dije que lo nuestro fue más allá, y me dijo que por mis fijaciones obsesivas yo necesitaba ese amor que fue hasta ese extremo porque era lo que me regulaba ante esa pesadilla.
Y así pasa el 2017 hasta que mi abuela se pone amarilla (en julio de 2017), no comía. Se hizo el esfuerzo para pagar una clínica con la tarjeta de crédito (igual seguía fracturada e inútil). Cuando le hacen los estudios, tenía pancreatitis grado IV e insuficiencia hepática.
Era cuestión de días. Y yo sentía el alivio más grande del mundo. Mi abuela se iría, y Yolanda me apoyaba.
Mi mamá ya estaba volviendo en sí, y comienza a llorar de terror, y no se despega de mi abuela. Pasó 7 días hospitalizada. Yo pasé solo un fin de semana ahí acompañando, porque era la época de los trancazos en el país, las protestas, etc, no había paso, un peo todo. El resto de días mi mamá se quedó con ella y ambas se pidieron perdón. Se fue la noche del 31 de julio. Murió de encefalopatía hepática alucinando y diciendo incoherencias
Y ahí comenzó a "bajar" todo el ruido en mi vida.
Pude identificar con mi nueva terapeuta que mis parejas han sido una especie de "ruido blanco" en mi vida que me hacían evitar mirar esos momentos de profundo dolor. Pude identificar que la coregulación era "vital" para mi sistema nervioso, marcado por el trauma complejo, porque mirar a otro me hacía evadir la realidad de mirar la profunda tristeza de mi historia. Pude identificar que la hipervigilancia y el control formaban parte de lo mismo, y que no era que deseara "poseer", era que necesitaba sentir tranquilidad porque así me había forjado, porque necesitaba interpretar que una palabra diferente no fuera un próximo golpe. Pude aprender a habitarme en el silencio, en la respiración, en los ruidos de los pájaros, en la escritura.
Pude comenzar este viaje de regreso a mí, en donde ya no tapo el silencio sino que lo habito y lo permito.
Estaremos bien - le digo a mi Andrea de 3 años de edad.
Comentarios
Publicar un comentario