2 de septiembre de 2022

No sé qué sucedió ese día. Solo estaba yendo en vía a pagarle a mi médico, de quien había escuchado durante todo el año, y a quien no terminaba de conocer, porque simplemente era un tema que ignoraba.

Venía escuchando su nombre desde febrero, todo el mundo la mencionaba, pero yo seguía haciendo caso omiso del tema. En todas mis resonancias me decían "debe hacerla XXX", y yo seguía sin prestar atención. Mi neurólogo lo que decía era "ojalá la hiciera XXX", y yo seguía sin hacer caso, esto fue algo que se repitió durante absolutamente todo el año.

Hasta que ya no pude seguirlo evitando.

Mi neurólogo me obligó, obligadísima, a que mis resonancias las analizara XXX, o no íbamos a continuar. De hecho, la consulta del mes de julio, fue para decirme expresamente "el siguiente paso es que XXX vea tus resonancias, o no podemos seguir", así que irremediablemente me tocó tener que seguir ese paso, que para mí era lo más innecesario del mundo.

Así fue cuando le escribí un día, y me dijo que regresaba a sus labores el día 8 de agosto, que le escribiera para ese entonces si todavía precisaba de sus servicios, lo cual hice. 

Ortografía perfecta, educada, simpática en su foto. No le di tantas vueltas al asunto, y le volví a escribir el 8 de agosto. Me indicó que dejara los CD de mis resonancias en la recepción de Centro Médico de Caracas, lo cual hice. 

Pasaban semanas, y yo sufría fuertes ataques de ansiedad de lo que podía reflejar su informe, porque si por algo era conocida XXX, era por hacer reconstrucciones cerebrales en 3D, o cortar el cerebro milímetro por milímetro para evaluar lesiones. Yo tenía pánico de lo que pudiera salir. Pasaban los días, y ella demoraba, yo estaba era detestándola porque no conocía su ritmo de trabajo, cómo un informe podía tardar tanto?

Hasta que el informe llegó, y yo comencé a pegar brincos de felicidad, porque yo no cumplía con criterios diagnósticos para decir "esclerosis múltiple". 

Llegó el día del pago acordado, y por algún motivo que yo no comprendía, me sentía nerviosa cuando estaba vía a Centro Médico de Caracas. No entendía por qué, si ni siquiera había sentido atracción por ella en su foto, me daba absolutamente lo mismo, lo que había sentido era tremenda rabia de que se tardara tantísimo, pero por algún motivo, yo estaba nerviosa.

Llegué a la recepción del servicio de Resonancia Magnética, e inmediatamente la divisé. Era de muy baja estatura, estaba explicándole algo con muchísimo detalle a un paciente que era dializado, el cual estaba acompañado de sus familiares. Yo estaba recostada de la taquilla de recepción, simplemente esperando a que se desocupara mientras atendía ocupaciones en el trabajo con mi celular. Cuando vi que se desocupó, y que caminaba hacia la puerta para volver a entrar, le tomé del brazo, y le dije:

- Doctora.

- Andrea, verdad? - me preguntó casi segura de que esa sería mi respuesta. Nos dimos un fuerte apretón de manos en son de una formalidad de dos personas que se conocen. La aprieta duro, igual que yo.

Me hizo pasar por la puerta a la que ella se dirigía, y comenzó a explicarme detalladamente lo que sucedía con mis lesiones. Yo la miraba a los ojos, tenía unos ojos preciosos, marrones claros, que se veían bellos debajo de la luz de la clínica. No sé si fue ese el momento donde me jodí.

Pero algo sucedió.

Y no sé si la desgracia que sucedió fue un motivo destinista para continuar en contacto con ella, porque volvía a ameritar sus servicios. Tenía una sintomatología extraña en la vista, lo suficientemente extraña para que mi neurólogo me mandara una resonancia de emergencia, y para que el informe lo volviera a realizar XXX.

Por este motivo, tuve que continuar viéndola, y por cada vez que la veía, los abrazos se materializaban cada vez más frecuentes, y cada vez más apretados.

Me tiene confundida. No sé si está siendo cordial por yo ser detallista con ella, pero el hecho es que no puedo sacármela de la cabeza.

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