Muerte.
Cuando escribí el título de la entrada, me quedé en blanco, sintiendo la agónica ansiedad brotar de mi pecho, temblar en mis manos, ¿cuántos cigarrillos llevo? Cuando exploto la menta que hay en el filtro saben mejor, soy una cobarde de los cigarrillos fuertes, detesto, además, oler a nicotina vaporizada, ya me gasté el primer frasquito de antibacterial que cuesta 1 dólar en la tienda de Dolar Tree, todo eso con tal de que no me huelan las manos, el pelo debo amarrármelo en un gorro para que tampoco tome ese detestable olor que me caracteriza la cobardía de siempre, porque soy tan cobarde que no puedo enfrentar esto sola sin recurrir a algún ansiolítico que me joda los pulmones o el hígado.
Yendo al tema en sí, mi abuela está muriendo, creo que todos acá deben saberlo, o al menos la mayoría. Nunca he enfrentado la muerte con alguien que viviera directamente conmigo, estoy perturbada, sola, consternada de todo esto, yo solo quiero que ya acabe. Estoy sola en mi casa, y estoy tan sugestionada que escucho ruidos, escucho su voz, son cosas que no sentiría en una ocasión normal, y solo imposibilita el que pueda descansar, ¡cuánto lo necesito Escucho como pelea con Nicolás -mi gato-, escucho su bastón, y eso que ya ni siquiera caminaba, estoy fatal de lo mío, y muy subjetiva escribiendo esto.
¿Qué es la muerte realmente? ¿Es el final de la vida, o es un estado de transición? ¿Es la llamada de los seres omnipotentes de otros planos? ¿Es el envejecimiento del cuerpo que ya no aguanta más? ¿Es la ida al cielo? ¿Es la ida al infierno? ¿Es la estadía en el purgatorio hasta que muchos rezos te eleven al paraíso? Siento la muerte rondar cerca de mí, no viene por mí, viene por ella, la siento en mi entorno, siento como acaricia sus manos y las deja más débiles, arrugadas, sensibles; siento como serpentea en sus neuronas y la va perdiendo, dejando una mirada vasta, vacía, transparente, que nos atraviesa, y no nos reconoce.
Considero que estamos tan atrasados como país, en pleno siglo XXI la eutanasia debería ser legal en todos los países del mundo, ¡la gente merece una muerte digna! Este sufrimiento ha estado arreciando desde hace más de una semana, y me va arrastrando con él, empequeñeciéndome y haciéndome más débil. Me siento una ridícula, un disparate, yo solo quiero descansar, perderme entre la gente, huir, desaparecerme, y estoy tan lejos de eso...
La muerte es algo natural, y yo ya quiero que llegue, ¡Dios! ¿Por qué me abandonaste este año?
Comentarios
Publicar un comentario