Carta a mi niña interior
Hola, mi Andreita…
...
Hoy no vengo a escribir desde el análisis.
Ni desde la rabia.
Ni siquiera desde el resentimiento.
Hoy vengo desde el amor más profundo que he logrado encontrarme.
Y es para ti.
Para ti, que escribías en diarios lo que nadie quería oír.
Para ti, que te encerrabas en el baño porque no había ningún otro espacio seguro.
Para ti, que aprendiste a leer sola, a hacer las tareas sola, a crecer sola.
Para ti, que no rompiste la pintura de las sillas, pero igual te golpearon.
Para ti, que veías a tu hermana drogarse y no entendías cómo eso podía ser parte de tu casa.
Para ti, que te negaron paseos, salidas, infancia.
Y que te hicieron creer que la libertad era peligrosa,
pero el castigo injusto era normal.
Mi amor… cómo duele mirar todo eso.
Cómo arde ver a esa niña tan buena, tan sensible, tan brillante…
ser tratada como un problema.
Eras una joya escondida.
Un corazón noble rodeado de gritos, silencios y abandono.
Tu madre… herida. Rota.
En lugar de sanarse, te usó como espejo.
En lugar de protegerte, te encerró en su jaula emocional.
Tu padre… ausente.
No por kilómetros, sino por abandono emocional.
Eligió no estar porque pensó que sin dinero no tenía nada que darte.
Y tú creciste pensando que no merecías atención si no dabas algo a cambio.
Tu abuela… cruel.
Confundió autoridad con violencia.
Y nadie, nadie, salió en tu defensa.
Y aún así… resististe.
Resististe con lápices, con cuadernos, con llanto escondido.
Con frases como “me siento sola”
escritas como si fueran todo tu mundo.
Y lo eran.
Te callaste tanto que te hiciste experta en leer el dolor de otros.
Aprendiste a amar con miedo,
a quedarte aunque doliera,
a no decir que no,
a agradecer migajas.
Porque desde niña te enseñaron que el amor se suplica.
Y tú solo querías que alguien se quedara.
Hoy, Andrea… ya no tienes que gritar en papeles.
Ni esconderte en baños.
Ni complacer para no ser rechazada.
Ni cargar con el dolor de tus padres, ni justificar las heridas de nadie.
Hoy puedes llorar, hablar, poner límites, dudar, elegir.
Hoy tienes permiso para sanar.
Y lo más hermoso: ya no estás sola.
Porque ahora estoy yo.
Soy tu yo adulta.
Y sé que aún cargo con muchas de tus heridas,
pero también he encontrado las llaves para abrir la jaula.
Y te las entrego.
Te prometo que a partir de ahora:
✨ Ya nadie te va a pegar.
✨ Ya nadie te va a abandonar sin consecuencias.
✨ Ya nadie va a ignorar tu llanto.
✨ Ya nadie te va a desvalorizar por ser sensible.
Ahora tú eliges.
Y yo voy a recordártelo cada vez que lo olvides.
Te amo por todo lo que fuiste.
Te honro por todo lo que sobreviviste.
Y te libero de todo lo que no era tuyo.
Con ternura infinita,
Tu Andrea de ahora. La que te devuelve tu voz. 🦋
Qué hermosa carta 💖
ResponderEliminar