Me siento mal

Nunca hubiera imaginado que a mis 25 años el ámbito laboral fuera a pegarme tanto, en el sentido de que a veces si las cosas no salen como yo quiero, me siento despechada del trabajo.

Quisiera ser normal, quisiera ser como mis amigos o como mis compañeros, que no me importe dónde me pongan, ni lo que me ofrezcan, que acepte sin rechistar. Supongo que ser la antítesis de esa aceptación me llevó a tener uno de los problemas que tuve recientemente con mi superior. 

Creo tener un problema de ego, en el sentido de que profesionalmente en la compañía donde trabajo me siento mucho mejor desempeñada que otras personas, lo que me lleva a que cuando quieren cambiarme de proyecto, o mantenerme en una posición inferior a la posición donde me encontraba, automáticamente hago una rechistadera de berrinches. Ya no sé si el despecho es conmigo, o con el equipo. Soy consciente de que tengo un problema de que a veces me creo el centro del universo, y siento que merezco estar donde deseo estar.

El hecho es que antes de esta asquerosa pandemia, solía tener un cargo de supervisora, cargo que perdí cuando hubo suspensiones producto del Covid-19 porque la empresa no podía seguir costeando al equipo entero. Quedé como agente -agradecida de que no me botaran-, y comencé a añorar mi puesto. Los meses fueron pasando y las cosas se han ido regularizando, pero no he recuperado mi cargo, ni creo que lo voy a recuperar, porque los hechos han hablado por sí solos, y creo que les funciono mejor como empleada, que como jefa, lo que me hace sentir una especie de... ¿despecho? Porque, literalmente, personas me han escrito para saber cuándo vuelvo a supervisarlos yo, por el desagrado que sienten hacia quienes los supervisan (esto me ha hecho sentir mal, porque nuevamente pienso que hay personas en el puesto insuficientemente desempeñadas).

La situación ha explotado en mí alguna especie de sentido de la injusticia, a veces siento esa indignación recorriéndome las entrañas, quisiera poder evitarlo, dejarlo pasar, pero es que no puedo, siento que me duele, es como si mi relación con el trabajo fuera tal cual una relación sentimental, donde cada vez más siento la necesidad demandante de recibir privilegios que se equilibren con mi desempeño. 

Supongo que tengo que considerar mi cargo como un duelo más de lo que me quitó el 2020.


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