10 de mayo 2024

10 de mayo 2024.

Me gusta escribir porque no sé si un día olvidaré cómo hacerlo. 

Ya de por sí a mis 29 años tengo más comorbilidades que un anciano viviendo en un hospital, pero supongo que todos tenemos a una misión en esta partida complicada mal llamada "la vida".

Y la vida me ha puesto muchas pruebas a mis 29 años.

Este escrito es para mí yo del futuro. Nuestros yo del futuro. 

Conocí a una chica extraordinaria llamada Dulce, ella es de México, y siento que puedo conversar de absolutamente cualquier cosa con ella. Es una gran persona, y en este lazo de fraternidad he aprendido cosas. 

Cosas como por ejemplo el amor que debo tenerme hacia mí misma; y todo tipo de conceptualizaciones que engloban los traumas de la infancia, y las heridas de papá y de mamá. La verdad Dulce ha sido como un guía que aterrizó en mi vida en el momento más necesario. Los tiempos del universo son sabios.

En una de nuestras tantas conversaciones, hablamos de la mutabilidad de los signos, es decir, aquella flexibilidad que tienen los signos zodiacales para adaptarse al cambio, y eso engloba las personalidades.

Siendo Acuario hasta la médula, y con un signo ascendente en Piscis (not proud of that), debo decir y escribir a mi yo del futuro que sigo siendo tan reacia a los cambios al igual que cuando era una niña

Sí, me parece ridículo dar una explicación basada en que mi evidencia es mi signo zodiacal, pero creo en estas cosas aunque incluso me dé cringe conmigo misma.

Las palabras que mi mamá siempre me decía "tú eres totalmente reacia a los cambios", terminaron de cobrar totalmente sentido cuando en definitiva astrológicamente hablando esto fue comprobado de esa manera.

Me cuesta una barbaridad iniciar un cambio.

Y hoy, 10 de mayo de 2024, estoy consciente de que tengo que hacer muchos cambios en mi vida. Estoy conversando conmigo misma en este momento, cosa que no me hace sentir precisamente muy cómoda, pero definitivamente llego a esa conclusión de la necesidad de la ejecución de un cambio.

Empezando conmigo misma.

Iniciar nuevos hábitos saludables que resguarden mi salud. Modificar dieta alimenticia. Evaluar la manera en la que me relaciono con las personas. Comenzar a establecer rutinas para mí, porque es lo que me gusta, porque me hace sentir un sueño y una meta. Tener planes y cumplirlos. Iniciar la ejecución de las acciones que conozco.

Pero a veces es tan difícil como intentar resolver una ecuación mentalmente. 

Hoy 10 de mayo sigo añorando a la única mujer que me ha rechazado en la vida. Han pasado casi 2 años y no entiendo cómo no logro sacarla de mi cabeza. Es una desubicada necesidad que siento de quererla; de desear cuidarla; de amar cómo es, e incluso llegar a admirar esa fuerza de voluntad que no entiendo de dónde la saca. Es como un espejo en el que me veo reflejada y reconozco las cosas que debo modificar de mí porque las veo en ella.

Son unos ojos preciosos que no logro sacar de mis recuerdos; los ojos marrones más bonitos que he visto en mi vida. Es increíble cómo desde el silencio sigo sintiendo esa necesidad de protegerla.

Pero Dulce, que es mi compañera con quien converso todos los días, me ha enseñado que el amor es un estado de consciencia en donde amas. Simplemente amas. Sin egos. Sin prejuicios. Sin expectativas. Solo amas, y permites que ese amor fluya como un río en su cauce.

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